¿Está tu diputación preparada para el tsunami de la CPH?

¿Está tu diputación preparada para el tsunami de la CPH?

La Carrera Profesional Horizontal (CPH) ya no es una opción ni un tema pasajero: es una obligación legal en marcha. Cada diputación debe tener una respuesta clara y una hoja de ruta bien definida. Y no, no basta con tener voluntad política: se necesitan plataformas, procesos y decisiones técnicas.

Porque cuando los empleados públicos empiecen a reclamar su derecho a progresar, ya no servirá de nada decir “estamos en ello”. 

Diferencia entre ascenso vertical y ascenso horizontal

Tradicionalmente, la carrera profesional en la administración pública se entendía como un ascenso vertical: cambiar de puesto, asumir nuevas funciones o moverse a otro grupo profesional. Sin embargo, el ascenso horizontal representa un nuevo enfoque. Permite que los empleados públicos avancen profesionalmente y mejoren sus condiciones sin necesidad de cambiar de puesto. El reconocimiento se basa en 3 criterios básicos que son la antigüedad, la formación y la evaluación del desempeño. 

Este modelo exige que cada diputación revise sus estructuras y sus procesos. Porque aplicar la CPH sin una base técnica clara es abrir la puerta a conflictos, desigualdades y pérdida de confianza por parte del personal. 

La evaluación del desempeño como vía fundamental para la CPH

El Real Decreto-ley 6/2023 lo deja claro: para aplicar la CPH, es obligatorio contar con un sistema de evaluación del desempeño que sea periódico, objetivo y verificable. No se trata de una recomendación, sino de un requisito legal. Aquí es donde muchas diputaciones encuentran su mayor reto. Algunas aún no han empezado; otras han desarrollado modelos, pero sin implantación real. Lo cierto es que sin evaluación del desempeño, la carrera horizontal es inaplicable. 

Cada diputación debería hacerse esta pregunta cuanto antes: ¿tenemos ya un modelo aprobado y operativo que nos permita evaluar al personal con garantías? 

Tu diputación y la urgencia de la CPH

La norma está en vigor y la presión sindical crece. Los empleados públicos piden claridad, y las administraciones públicas deben responder con algo más que buenas intenciones. Las diputaciones que no se anticipen corren el riesgo de perder el control del proceso y exponerse a conflictos internos, desmotivación o incluso impugnaciones. 

Liderar la implantación de la CPH con transparencia, planificación y rigor técnico es una oportunidad. Pero también es una urgencia. Cada diputación debe decidir si quiere estar preparada o si va a esperar a que la ola la arrastre.